Artículo de Jesús Zotano en la Opinión de Málaga

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La encrucijada de Candilejas

El responsable del negocio, José Antonio Castañeda, asegura que no piensa tirar la toalla

Jesús Zotano 25.02.2015 | 11:28

José Antonio Castañeda, en el interior de Candilejas.

José Antonio Castañeda, en el interior de Candilejas. Rubén Aranda

Anécdotas de la tienda

  • En Candilejas puedes encontrar de todo: desde novedades a discos de blues y heavy. También de flamenco y clásica española, «lo más demandado por el público extranjero», y desde hace años despachan entradas de conciertos de las salas locales. Junto al mostrador hay una estantería dedicada a dar salida a los trabajos de los grupos locales que no logran mucha distribución: desde Tabletom a la Frutería Toñi, pasando por Fugitivos del Swing, Lux, Jammin´ Dose, Trifulca, Sacristía, Kermit… Entre las anécdotas que siempre destacan sus responsables, nunca faltan las de los robos que han sufrido por parte de algunos clientes aficionados a esconderse discos bajo la chaqueta. Ni la de un «caco» que un fin de semana entró en el local a través de la instalación del aire acondicionado para llevarse un buen montón copias de los discos rojo y azul de los Beatles. Entre las ilustres visitas que ha recibido el local destaca la del cantante de Pet Shop Boys, Neil Tennant, hace más de una década: «Lo reconocimos pero nos pidió discreción. Compró un casete de OBK y otro de The Cure».

La mítica tienda de discos, que desde hace años sufre la caída de ventas del sector, no entregará hoy las llaves del local al entender que su contrato de alquiler, firmado en 1997, no expira conforme el plan de renta antigua.

Ayer, mientras Mariano Rajoy hablaba de la recuperación española, del fin de la crisis y de la excelente gestión que ha desarrollado en estos años, por la mente de José Antonio Castañeda, responsable de Discos Candilejas, se agolpaban los recuerdos de cuando, en 1987, decidió trasladar su negocio de calle Dos Aceras a su emplazamiento actual: el número 7 de la calle Santa Lucía. Para aquella mudanza –no era la primera, ya que Candilejas abrió sus puertas en 1978 en calle Mariblanca– contó con la ayuda de muchos de sus amigos. «Me prestaron una furgoneta y se vinieron a cagar cajas durante un fin de semana», recuerda Castañeda, que, además, estaba a punto de ser padre. «Mi primer hijo vino con esta tienda bajo el brazo».

Con la nueva ubicación buscaba acercar su creciente negocio a la actividad comercial del Centro Histórico y a la vez ganar espacio, puesto que el local posee más metros que los anteriores. Pepe, como le llaman sus conocidos, nunca ha dejado de ser un emprendedor. Su empresa supo adaptarse a la desbordante demanda de música disco de finales de los ochenta y al radical cambio impuesto por la industria al presentar el cedé como único formato. Bien sabe que debería coger la ola del nuevo repunte del vinilo, pero la incertidumbre lo tiene paralizado.

El propietario del inmueble donde está situada Candilejas –que realizó la compra del edificio a sabiendas de que contaba con inquilinos– le ha solicitado que entregue las llaves del local apelando a la extinción de los contratos de renta antigua. El día marcado es hoy, a las 11.00 horas. «No las voy a entregar», confiesa Castañeda, que entiende que su contrato de alquiler no expira conforme al plan de renta antigua al «no ser anterior a 1985». Las presiones por parte del propietario, Agustín Pedraza, comenzaron en 2003, cuando remitió un comunicado con la intención de que ambas partes firmaran un nuevo contrato. Castañeda no entendió las razones de aquella solicitud y se negó.

Desde entonces, las relaciones no han sido fáciles. El propietario ha realizado obras de reforma en el inmueble que han provocado diversos daños en el local de Candilejas, «daños que no han sido reparados», sostiene Castañeda, metido en una perversa encrucijada en la que han confluido las pocas ventas de su negocio –«con las que apenas se cubren los gastos»– y la reclamación del propietario del local. «No duermo bien. Soy de carácter tranquilo, pero la situación es complicada», confiesa Pepe, que también muestra su preocupación por Fran y Alejandro, sus dos compañeros en esta aventura: «He pasado más tiempo con ellos que con mi familia».

Desde 1990, Fran y Alejandro atienden a los clientes en Candilejas y son parte fundamental de su funcionamiento. «Al principio, Pepe me ponía a repasar los muebles y a ordenar las estanterías. Así descubrí el rhythm and blues y el soul», recuerda Fran. Alejandro llegó seis meses después que su compañero: «Cuando entré me di cuenta de que no sabía nada de música», confiesa.

Ambos llevan un cuarto de siglo buscando referencias, solicitando discos de importación, aconsejando a los indecisos y recomendando a los que quieren exprimir al máximo su curiosidad por la música. «Esta es una tienda generalista, tenemos desde las últimas novedades hasta fondos de catálogo. Trabajamos con todos los géneros musicales y tratamos de estar al día de todo», recalca Alejandro. «Ahora con internet es más fácil dar con un grupo o un single, pero antes teníamos un catálogo de importación de Estados Unidos más grande que la guía telefónica», recuerda Fran.

Lejos de abrazar esa imagen de tienda superviviente o testigo de una época, lo que desean los responsables de Candilejas es ver aclarado el futuro para poder avanzar: «Nos gustaría invertir para traer más vinilos, pintar la fachada y darle un repaso al interior», aseguran.

Esta semana no han parado de recibir la visita de clientes y amigos. «¡Suerte, chicos! Espero que duréis muchos años más», les dicen. Un grupo de mujeres se paraba ayer en la puerta para hacerse «una foto para el recuerdo». No hacía falta: aunque llegase el temido desahucio, será muy difícil que el recuerdo de Candilejas se pierda entre la plaga de multinacionales de moda que hoy invaden nuestras aceras.

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